No pares de reir con los mejores chistes inocentes. Cortos y Largos. Todos en español. Chistes tiernos, inocentes y blancos que podrás compartir con grandes y chicos. Disfruta de estos chistes inocentes!

¿Cómo identificás a un gallego en un submarino?

¿Cómo identificás a un gallego en un submarino?...
Es el que lleva el paracaídas puesto.

El general pregunta a los soldados sobre la patria

Estaban formados los soldados y en eso el general le pregunta a un soldado:
Soldado Maclovio, ¿Para usted qué es la patria?
Para mí la patria es como si fuera mi madre, general.
Muy bien muchachito, muy bien.
Soldado Cornelio, ¿Y para usted qué es la patria?
El soldado Cornelio se queda pensando y dice:
Para mí es como si fuera mi tía, general.
¿Y por qué?
Porque aquí, el soldado Maclovio es mi primo.

Un bebe cocodrilo y su papá

Un bebé cocodrilo le pregunta a su papá:
Papá, ¿algún día tendré mucho dinero?
Sí, hijo.
¿Cuándo papá?
¡Cuando seas billetera!

Un pajarito que iba a excesiva velocidad

Un pajarito iba volando a toda velocidad por la autopista en sentido contrario y de repente se estrella contra un motorizado.
¡Paooofff!
El motorizado se para diciendo:
¡No puede ser! ¡Maté al pajarito!
Llega donde cayó el pajarito y lo encuentra todavía vivo, lo recoge, se lo lleva a su casa, lo mete en una jaula, le da leche y agua, le pone alpiste. Al rato el pajarito va recobrando el conocimiento, despierta, ve la jaula y dice:
¡No puede ser! ¡Maté al policía y estoy preso!

La mamá y la niña despues del colegio

Llega una niña despues del colegio a su casa y le dice a su mama:
¡Mamá, mamá, un niño me dio 50 centavos por bajarle su globo de un árbol!
y la mamá le dice:
Niña tonta, no ves que lo quería era mirarte los calzones.
El segundo día pasó lo mismo.
Al tercer día llega la niña a su mamá y le dice lo mismo. Y su mamá le dice:
Ay, pero que burra, no ves que lo que quería era verte los calzones.
y la niña le dice:
¡No, ahora no me los vio porque me los quite antes de subir!

El sacerdote y los niños traviesos

Una pareja tenía dos niños pequeños, de 8 y 10 años de edad, quienes eran extremadamente traviesos. Siempre estaban metiéndose en problemas y sus padres sabían que si alguna travesura ocurría en su pueblo sus hijos estaban seguramente involucrados.
La mamá de los niños escuchó que el sacerdote del pueblo había tenido mucho éxito disciplinando niños, así que le pidió que hablara con sus hijos. El sacerdote aceptó pero pidió verlos de forma separada, así que la mamá envió primero al niño más pequeño.
El sacerdote era un hombre enorme con una voz muy profunda, sentó al niño frente a él y le preguntó gravemente:
¿Dónde está Dios?
El niño se quedó boquiabierto pero no respondió, sólo se quedó sentado con los ojos pelones.
Así que el sacerdote repitió la pregunta en un tono todavía más grave:
¿Dónde está Dios?
De nuevo el niño no contestó.
Entonces el sacerdote subió de tono su voz, aún más, agitó su dedo frente a la cara del niño, y gritó:
¿Dónde está Dios?
El niño salió gritando del cuarto, corrió hasta su casa y se escondió en el closet, azotando la puerta.
Cuando su hermano lo encontró en el closet le preguntó:
¿Qué pasó?
El hermano pequeño sin aliento le contestó:
¡Ahora si que estamos en graves problemas hermano, han secuestrado a Dios y creen que nosotros lo tenemos!

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